
“Estoy leyendo el libro de Job y me ha producido un éxtasis extraño. Dejé un libro a un lado y estuve pensando como un león enjaulado horas y horas sin poder contener las lágrimas. Este libro fue uno de los primeros que se apoderaron de mí y cuyo recuerdo no me ha abandonado durante el resto de mi vida”. Fedor Dostoiewski.
La Biblia es el libro que, por excelencia, reúne o aleja multitudes. A pesar de sus críticos, es el texto más leído en el mundo. Para la cultura judeo-cristiana, en sus hojas se condensan todas las preguntas que se hace la humanidad y es también un manual de ética. Para los escépticos, un sinfín de códigos morales, pero que no posee validez científica en cuanto a su autenticidad como “palabra revelada por Dios”.
El significado de Biblia -en griego- significa “pequeños libros”. Posee 66 libros, divididos entre el Antiguo testamento (39 libros) y el Nuevo Testamento (27). Las particularidades que rodean a las Sagradas Escrituras son que fue escrita en unos mil 600 años y por más de 60 generaciones. Además, fue redactada por 40 autores de todas las clases sociales incluyendo reyes, filósofos, pescadores, campesinos, poetas, estadistas y eruditos, entre otros.
El Antiguo Testamento, según señala el Doctor en Historia Esteban Veghazi en su texto El Legado Cultural de la Biblia “sus partes más antiguas fueron redactadas en el siglo XII antes de Cristo (El Canto de Débora – Jueces 5) y la más reciente, el Libro de Daniel, se redactó entre 168-165 A. C.”. Esto significa que Entre el primer capítulo y el último pasó un milenio, con enormes cambios n la vida económica y social, conmociones y choques políticos.
El Nuevo Testamento, en tanto, según Veghazi, se escribió en un corto período: entre el 60 y 130 después de Cristo. Aquí destacan los evangelios escritos por los apóstoles de Jesús, Mateo, Marcos, Lucas y Juan y las cartas de Pablo.
“Ver para creer”
Los documentos hallados eran copias de libros del Antiguo Testamento, de libros no canónicos y de varios escritos desconocidos hasta entonces. Éste ha sido el descubrimiento bíblico más importante de la historia bíblica.
Otro descubrimiento relevante es el de los archivos de Ebla, en el Norte de Siria, en 1970. Allí se demuestra que lo narrado en las escrituras bíblicas referente a la época de los patriarcas es completamente posible. Documentos escritos sobre tablas de barro alrededor del año 2300 a. de C. confirman nombres y lugares mencionados en la época de los patriarcas como "Canaán", nombre que algunos críticos, alguna vez, dijeron que no había sido utilizado en esa época, y que estaba usado incorrectamente en los primeros capítulos de la Biblia, es usado en la tabla de Ebla.
Para el Doctor Honoris Causa en Biblia de la Universidad Bautista de California, pastor Óscar Pereira, “la exactitud de nombres y lugares que dicen las sagradas Escrituras es asombrosa. Nadie puede quedar atónito, por ejemplo, de lo que dice de la ciudad de Jericó cuando es destruida dos veces y los arqueólogos lo pudieron precisar”.
Este relato se encuentra en Josué 6:20. El arqueólogo Garstang halló evidencias de que Jericó fue destruida cerca del 1400 a. de C. la época de Josué. Encontró una capa de cenizas del incendio del juez judío, y debajo de ésta había restos de alimentos carbonizados como trigo, cebada, dátiles y otros. (Henry Halley, “Compendio Manual de la Biblia, Editorial Moody)
Fe en la letra
La Biblia es el pilar fundamental tanto de cristianos como de sectas que se originan de éstos. Tanto católicos, protestantes y ortodoxos la sitúan en un lugar de privilegio para argumentar su fe. Mormones, Testigos de Jehová y adventistas también la ocupan como fundamento de su credo, pero añaden a su doctrina otros libros supuestamente revelados por Dios.
En América Latina el catolicismo congrega al 70 por ciento de la población (según Congreso Latinoamericano de Iglesias, CLAI). Si bien la fe romana le da crédito a las Sagradas Escrtituras, el dogma también tiene bastante peso, quedando relegada a un segundo lugar la ciencia.
Según santo Tomás de Aquino, “la Biblia no es un libro de ciencia, sino un libro religioso, que transmite verdades religiosas importantes para nuestra salvación por medio de géneros literarios propios de la cultura de la antigüedad”. San Agustín es más categórico: "La Biblia no enseña cómo va el cielo, sino cómo se va al cielo".
¿Pero cómo puede ser que un libro tan cuestionado pueda tener validez en el mundo occidental, supuestamente dominado por la razón? ¿Acaso el dogma de fe supera a los descubrimientos científicos? Los especialistas tienen su propia opinión.
El arqueólogo de la Universidad de Chile, Gregorio Calvo, se declara católico por convicción. A pesar de haber sido formado en un colegio de sacerdotes, siempre se declaró ateo. Empero, sus estudios le dieron crédito a la existencia de Dios y la veracidad de la Biblia.
“Al indagar en diversas cátedras que la veracidad de la Biblia es tan fuerte, debido a los grandes hallazgos realizados gracias a los datos que entrega, a uno no le queda otra que obedecer a la fe cristiana, a pesar de que aún existen muchas cosas discutibles, como la existencia de Adán y Eva y, sobre todo, la evolución de las especies, teoría que la Iglesia Católica no niega”.
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